TEXTOS DEL TALLER DE CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

Durante el Festival de Cine Mexicano de Durango, el crítico de cine Erick Estrada, director editorial del sitio web especializado Cinegarage.com , desarrolló un taller de crítica cinematográfica con siete jóvenes duranguenses, quienes hicieron las críticas de los largometrajes en competencia del 7mo Festival. De esta manera el Festival continúa ampliando la mirada al cine, como en este caso, utilizando la crítica como otro espacio de la creación que se realiza en torno al cine.

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*Los Muertos

¡HAY CASA SOLA!

Retratar las diversiones de las clases altas de México se está volviendo tema recurrente con los nuevos cineastas, tal es el caso del largometraje del director Santiago Mohar. Una vez más las cámaras de cine se cuelan a una fiesta a la cual nunca se les invito, para contar de forma gradual la noches de un grupo de ninis sin con mucho dinero para gastar de sus padres.

Los muertos es el título de esta película que parte desde los ataúdes de metal a vuelta de rueda y esquivando retenes por una ciudad de México que para ellos es agobiante. Estos chicos se dirigen a una fiesta que para mal de muchos se prolonga toda la noche, estos anti-caifanes mimados se pasan emborrachándose y quejándose entre risas sobre lo difícil que es vivir en un país como México. Poco a poco y como lo es en todas las fiestas las relaciones de amistad se van desnudando: la novia celosa y resentida, el hermano incestuoso, el junior dueño de la casa que se folla a quien quiere, en fin, todos y nadie.

La película como patadas de ahogado va tomando elementos para recrearnos un detallado retrato de este verdadero laberinto de la superficialidad en la que están atrapadas las generaciones actuales recicladoras de cultura pop. Sin un movimiento musical importante que identifique estas décadas, y sin Fuentes ni Paz para reprenderlos, estos jóvenes víctimas de los smartphones hacen de cada noche una borrachera estúpida, monótona y sin sentido: licuados de comida, esculturas con muebles apilados y juegos con armas peligrosas.. ¿Pero? ¿Qué tan peligrosa resulta un arma cuando se está muerto?

Uno se queda en la película como el chico que ya se quiere largar de la fiesta pero no consigue taxi ni hay quien lo lleve. Por fin, algo muy sorpresivo aparece en pantalla pero el sopor en que nos deja “los muertos” no nos permite ya asimilarlo. Muchos amigos cineastas me han dicho que el cine no tiene por que entregarte siempre un mensaje, metáfora, un momento agradable o desagradable, sin embargo, es bueno saber el motivo por las cuales la cosas se hacen, si no, siempre publicaras al siguiente día desde tu móvil “que fiesta tan chafa”.

Arturo Perales Bollain y Goytia.

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*Matria

MATRIA: LA PERRA SANGRE QUE EDIFICÓ A UN PAÍS

La novela autobiográfica Canción de Tumba, de Julián Herbert, aborda –entre otras cosas- la vida de su madre: ella fue prostituta y padecía leucemia. Parte de la obra fue escrita al lado de la cama de hospital donde la Condenada Maldita –como la llamaba Juana, abuela del autor- moría a diario mientras odiaba el hecho que su hijo, al único a quien gritó “tú ya no eres  mi hijo, cabrón, no eres para mí más que un perro rabioso” fuera el responsable de cuidarla. En alguna entrevista Julián comentó que tardó más de dos años en escribirla y no por una cuestión moral ni por conflictos emocionales, simplemente, no encontraba el tratamiento que debía dar al lenguaje. Ganó el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska en 2012.

La desacralización de la figura divina, en cualquiera de las formas que se le presente al creador, al artista, es quizá la gestación más honesta del arte, no la mejor, la más honesta, pues el tránsito que va desde una vena abierta y punzante hacia aquello que aspira a convertirse en un objeto de apreciación es tan doloroso que puede abrir zanjas en el lomo más fuerte.

Matria –juego de palabras entre madre y patria, supongo- que al parecer pretendía mostrar la participación de una persona en la construcción de un país posrevolucionario se inserta en esa dolorosa tradición de forma involuntaria: nos narra la vida de Antolín Jiménez, hombre que de Dorado de Villa pasa a ser miembro fundador del Partido Nacional Revolucionario, diputado, editor y charro, lo anterior mientras de a poco se va descubriendo una historia de ignominia para la familia del realizador. A partir de entonces nos muestra, sin piedad, la llaga aún viva y sangrante de su madre que intenta a toda costa salvaguardar la memoria inmaculada del otrora revolucionario; también la indiferencia de los hijos varones que sencillamente han decidido no odiar, pero tampoco reconciliarse con el padre.

Fernando Llanos, director, se sorprende al encontrar esa veta fértil en su historia y no lo oculta. Los sentimientos mostrados al charlar por primera vez vía telefónica con una sobrina de la primera familia de su abuelo son más intensos que aquellos que podemos percibir cuando escucha –también por teléfono- el llanto suplicante de su madre pidiéndole dejar en paz a los muertos. Ese enfrentarse con la figura materna, con la carga histórica personal, ese bajar del pedestal la figura divina que para ella representa Antolín, humanizarla, exponerla, golpearla donde duele hasta descubrir sus pies de barro en aras de una historia, no sé cuántos seríamos capaces de hacerlo sin que se nos secara la mano.

Matria, como se dijo, ofrece una historia previa, lamentable y triste por ser real:

La bola de billar es la prolongación del movimiento de la mano del jugador. Kundera plantea que las consecuencias, por caóticas e inesperadas que puedan parecer o ser, tienen un mismo origen, pues al igual que en una partida de billar, en la vida, el primer movimiento determinará el rumbo completo del juego.

En base a lo anterior la construcción de un país y la forma en que opera su realidad actual no es inescudriñable ni mística: habrá que tener buena vista y mirar cincuenta años atrás, setenta años atrás, cien años atrás y preguntarse, quién ganó el lagging y qué bolas golpeó en su primer intento.

Antolín Jiménez fue uno de tantos jugadores de aquella mítica partida: sobreviviente de la Revolución Mexicana, quedó como tantos miles: huérfanos de ideales: rodando hacia algo nebuloso y lejano llamado institucionalidad. De forma involuntaria o quizá voluntaria, pero sin imaginar los alcances que tendría, ayudó a la construcción de lo contemporáneo. Nuestras bases son las fincadas por él y los miles de hijos del movimiento que esperaban ser recompensados por el sistema, y el premio llegó para algunos: que la Revolución me haga justicia fue el eufemismo empleado para la corrupción, el compadrazgo y el abuso. La partida se corrió con ese efecto, y qué puede sorprendernos pues de tal curvatura o destino si antes como ahora los favores o el poder se ganaron con plomazos o billetazos, palabaras que al final tienen la misma resonancia, una que viene rompiendo el aire desde que el primer jugador tomo el taco y apuntó su tiro.

Óscar Adrián Palomares

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* Asteroide

EL FINO ARTE DE LA CONFRONTACIÓN

Una de las concepciones ideológicas que decidió llevar a la pantalla Luis Buñuel mientras viajaba a México fue el cómo la sociedad en nuestro país creía, o cree hasta la fecha, que existe un tipo de “perdón social” tras un exilio. Mostrándonos en “El rio y la muerte” un drama entre familias rivales que, de manera sistemática, buscan eliminarse la una a la otra, sin existir una razón para continuar realizando dichas acciones. Pero, en pro de salvaguardar el honor de la familia, la lucha debe seguir.

Dejando la responsabilidad de los muertos a su descendencia, sin saber éstos a ciencia cierta cuales fueron sus pecados, o mejor descrito, los motivos que les obligan a continuar con tal afrenta.

Contando un hecho parecido el argumento que Marcelo Tobar utiliza en “Asteroide”. Crítica social en la que el Director, con un montaje basado meramente en planos cerrados sobre los personajes, nos muestra como el sufrimiento; la angustia y los deseos de suprimir la posibilidad misma de sentir algo, coexisten y coartan la “vida” en sus personajes. Logrando para bien un ritmo lento y voyerista en el que, conforme los hechos obligan a sus protagonistas, descubrimos como las cosas no están afuera, sino adentro, como lo muestran sus encuadres que descubren, o no, a Cristina, la joven cosmopolita; hedonista y hermana de Mauricio, cuyos padres obligaron a salir de la ciudad que la vio nacer en pos de su bienestar, pero olvidando que lo peor de la situación, como bien maneja el guión, siempre viajaría con ella. Dejando entre líneas la metáfora del choque del asteroide, y la forma en que de manera subjetiva se deberían confrontar los problemas.

No obstante, ¿qué le puedes pedir a un asteroide, que a fin de cuentas es roca?

Johnatan Juárez Sariñana

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*Made in Bangkok

MADE IN BANGKOK: EL VIAJE A NINGUNA PARTE

En muchas ocasiones los documentales nos muestran realidades ocultas, en otras las verdades que no queremos ver. En ese sentido las historias parecen ser contadas por un ojo entrometido que, a diferencia de la ficción, no es el de un dios todopoderoso, sino más bien la de un invitado incómodo, el primo raro que lleva su cámara a todas partes.

En ese sentido Made in Bangkok cumple, mas no encanta. El trabajo de Flavio Florencio deja ver un discurso que busca estar por encima de la técnica, el fondo sobre la forma. Una especie de suprarrealismo que no llega por gestarse y termina por ser simplemente un diario de viaje extendido a manera de película. Una especie de registro familiar proyectado en la pantalla grande.

Es un hecho que no todo es desacertado en esta película. Finalmente el director consigue, a través del proceso de reasignación de sexo al que se somete la protagonista, atrapar al espectador en una realidad que bien podría estar pasando alrededor suyo, pero que no ve o se niega a hacerlo. Bangkok podría ser la esquina de la próxima calle. Morgana podría ser cualquier habitante de la ciudad.

Pero más allá de la emorganamiento que puede provocar la simpática situación -pues a pesar de todo se llega a olvidar que hablamos de un procedimiento quirúrgico realmente invasivo- y que el largometraje cumple con un discurso contemporáneo, la forma se aleja mucho del lenguaje cinematográfico, abriendo la posibilidad de que cualquier viaje a la playa encuentre su propia trascendencia. Al  final la Morgana del mundo real termina siendo más que la hecha en Bangkok.

Andrei Maldonado

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*La danza del hipocampo

UN ABUNDANTE COLLAGE EMOCIONAL

Arrecifes de coral que entretejen remembranzas , vetustas y bien seleccionadas cintas pertenecientes a un “yo” asiduo a la recolección de datos familiares y algunos viajes en el tiempo a través de una retórica personal que intenta sumergirnos en el recuerdo de Gabriela Domínguez Ruvalcaba.

La danza del hipocampo es un ejercicio íntimo y circular que nos comparte un proceso catártico de entendimiento detallado de las misteriosas formas en que actúa la memoria. Para lograrlo Domínguez Ruvalcaba recurre a una serie de metáforas que se encargan de comparar el antes y el después, dejando ver lo oscilatorio de la vida.

Estas imágenes se acompañan de una voz que resalta la melancolía familiar y quizá nos aleje de lo que podría ser un recorrido poético. La narrativa se extiende en apreciaciones personales que intentan generar empatía en el receptor, buen recurso siempre y cuando se cumpla.

La película plantea diversos cuestionamientos no resueltos que tienen que ver con la relatividad tiempo – espacio en función del individuo y su recuerdo , el cine y la fotografía como mágicas herramientas que pueden usar la memoria para poderse autoconstruir sin importar o no la supuesta objetividad de una “realidad vivida” a una registrada . Estos planteamientos sumados a un abundante collage emocional que Gabriela ha ido atesorando, anhelan hacernos danzar al ritmo de su hipocampo pero tanto fue el ensimismamiento que olvidó que no todos danzamos al mismo compás.

Bárbara Gómez Castelán. 

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*Me quedo contigo

UNA BORRACHEA DE INCONGRUENCIAS 

¡Acción!

No es difícil asociar el mundo en que se desenvuelven los artistas con todos los adjetivos existentes que describen el término “frivolidad”. Aunque la realidad de los profesionistas de la actuación sea distinta, el estereotipo se encuentra muy arraigado  en el pensamiento colectivo. Artemio a secas, como el mismo director firma su obra, lo sabe y explota convenientemente en su visceral ópera prima “Me quedo contigo”.

Contada en dos actos disímiles entre sí,  la película inicia con la toma de una barda en donde se lee la frase que la titula. La tipografía aniñada cuenta con matices rosados y es a todas luces femenina, haciendo juego con el entorno que queda pronto al descubierto y en donde la música estilo “tonti-pop” cobra un papel importante.

Es en ese ambiente empalagoso donde Esteban, joven actor interpretado por Diego Luna en una aparición relámpago, invita a Natalia, su novia  española,  a viajar a México para formalizar la relación. Más música pop de la corrida española. Más gente bonita y algunos guiños que remiten a  populares  comedias románticas de procedencia estadounidense.

Sin embargo, el espectador se encuentra próximo a recibir un batazo de béisbol en la nuca. Así, adolorido y destanteado, sabrá que la trama ha dado  un tétrico giro cuyo desarrollo peca de ser retorcido, incómodo, retador y al mismo tiempo divertido y hasta cómico.

En un México empeñado en proseguir con la malinterpretación vitalicia  del término “equidad de género” y cuyos funcionarios públicos (hombres en su mayoría) convierten el “empoderamiento de la mujer” en ventajistas actos de proselitismo;   las “Chicas-superpoderosas” de la historia de Artemio demuestran que para bien o para mal, “el sexo débil” es  solo una oración mítica de caducidad cercana.

“Me Quedo Contigo” posee bondades múltiples. Destaca la habilidad del novel director para mantener un ritmo ágil y fluido, en especial durante ese segundo acto donde el rumbo de la historia se define y las máscaras iniciales se caen al suelo del mismo modo que los convencionalismos sociales que las sujetaban.

Aquí conviene ejercitar la habilidad de leer entre líneas: las metáforas que se presentan conforme avanza la cinta son bastas en número y de un ingenio digno de aplausos.  Todas ellas encuentran soporte en un mismo fenómeno: la superficialidad que animaliza a las altas esferas del país:  aquellos segmentos de élite,  amigos de los políticos,  poseedores a conciencia de un poder magnánimo que los separa de los ciudadanos comunes y corrientes.

Se debe destacar la  naturalidad de las interpretaciones entregadas por el cuarteto de actrices principales.

Flor Eduarda Gurrola y Ximena González-Rubio aportan escenas por demás valientes que quedarán marcadas en la mente de quien ose  ver la película.  Sin embargo, es el papel de la ibérica Beatriz Arjona  el más rico en sutileza y a la vez en complejidad.

Su  bien ejecutada “Natalia” nos demuestra que más allá de negaciones y diferencias culturales, la violencia es algo intrínseco e inevitable en el ser humano.

Resulta imposible para quien consume cine de forma habitual el no comparar “Me quedo contigo” con otros trabajos que también tocan el tema de los roles invertidos de poder de forma acertada. Aunque la ópera prima en cuestión logra diferenciarse y brillar con luz propia gracias a los contrastes en su desarrollo, a los novedosos recursos creativos que ofrece, a sus cuantiosas  referencias cinematográficas,  al cinismo de las protagonistas y a la enfermiza (pero divertida) complicidad que se construye entre ellas y el espectador.

Repulsiva. Ofensiva. Morbosa y grotesca. La lista de calificativos es grande y todos tienen espacio en la descripción del largometraje objeto de esta crítica. Me permito añadir dos adjetivos más: reflexiva e inteligente.

¡Corte!

BONUS

Toda borrachera se encuentra destinada a aterrizar. Al llegar la cruda y enfocar el ojo analítico con frialdad, saltan a la vista ciertas inconsistencias argumentales que en “Me quedo contigo” navegan a pesar de sus virtudes. Apelando a la subjetividad, es preferible hacerse de la vista gorda y dejarse llevar por las evidentes y quizás burdas trampas sembradas con tesón por Artemio. Mejor riamos sin complejos al escuchar a Botellita de Jerez y su “Alármala de Tos”. Suframos concienzudamente de comezón moral al ser testigos  de la perversidad del clan de  parranderas  al mismo tiempo que señalamos  las injusticias sociales que  quedan expuestas.

A fin de cuentas, la congruencia nunca ha sido un elemento propio de la identidad del mexicano.

 Eduardo Campos Zavala

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*FILOSOFIA NATURAL DEL AMOR

¿Cómo es el amor? es una pregunta que difícilmente planteamos, no hay respuesta satisfactoria ante esta cuestión que pareciera sumamente complicada, y es que en el amor y en la vida todo es cuestión de filosofía.

Filosofía natural del amor es una película de Sebastián Hiriart que trata de un tema universal desde una perspectiva socio cultural actual. Es una obra que invita a la reflexión crítica en torno al sentimiento de amor como un ámbito meramente sexual. Esto la hace sumamente estimulante.

El montaje proyecta situaciones no lineales que plantean de manera ágil y encuadra los extremos de las relaciones humanas: amores ocultos, rencores, doble moral y “visiones amorosas” de la época que nos acontece.

Se manifiesta al amor como capricho de algunos días, una relación ligera, sentimientos que no se acompañan de aprecio, se le expone como costumbre fría, como un gusto que le sigue un rápido y exagerado disgusto, como un arranque a la ceguera de la razón.

¿Será que Hiriat pretendió manejar al amor como algo conductual y no como un valor universal?

La cinta se apoya con imágenes de insectos en pleno coito. Destacan escenas de la mantis religiosa y su “canibalismo erótico” para justificar el trasfondo: el humano como un ser meramente instintivo y no consiente. Ante este planteamiento, algunas escenas son oscuras y otras tantas muy obvias.

Hiriart trabaja con tres elementos evidentes: las cuatro situaciones de parejas narradas simultáneamente, historias que por sí solas no funcionarían pero que en conjunto le da al largometraje un resultado oportuno. Las entrevistas a parejas “reales” exponiendo su relación y destacando conductas de dependencia y manipulación emocional y las grabaciones de insectos copulando.

El director presenta una película en la que acertadamente vemos al amor como una imperfección pero en la que las conductas llegan a transgredir a la moral. La historia del hombre que se enamora de la niña, como ejemplo equivocado de un amor triunfante que pasa por alto cualquier prejuicio.

En el aspecto socio-cultural, el largometraje resulta preciso. La tensión se incrementa conforme avanza la proyección y sus diversos desenlaces no son decepcionantes, si no que le resultan al espectador bastante complacientes, de ahí que el proyecto cumpla con las expectativas.

Hablar y escribir respecto al amor es difícil, a pesar que todos hemos llegado a experimentarlo de alguna manera. Sin embargo, Hiriart falla en el alcance que pretende darle a la película saturando con historias independientes donde solo una de ellas resulta “triunfante” y cae en lo promiscuo.

El amor no ha sido siempre el mismo: las costumbres, la cultura, el tiempo, lo han matizado y han hecho que cambie de rostro. Sin embargo, y ante cualquier hipótesis o argumento, el amor como sentimiento no duele, no destruye… no falla. ¿De dónde viene nuestra idea moderna del amor como una pasión trágica?

Denise Ricalday

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